"Vení. ¿O querés que vaya yo?"
Guido es Guido pero no tiene la cara de Guido. Yo me siento exactamente como ahora por él. Lo miro con admiración y amor. Él habla por teléfono con alguien y se ríe; hablan de mí creo; se burlan. Igual lo miro completamente enamorada, pienso qué suerte tengo. Cuando escriba esto, me acordaré muy claramente de que no es su cara, pero es Guido.
De pronto estamos todos juntos en el mismo dormitorio (como en una especie de ¿pijamada?), mi familia, Guido, todos sus hermanos. Yo estoy embarazada de pocas semanas y la familia lo sabe, todos están muy felices; nosotros también. Entre esta multitud, siento que está la Tana. En el silencio y la oscuridad del cuarto pienso qué angustia debe tener, porque está buscando quedar embarazada hace tiempo y no puede. Pienso y rezo, le pido a dios que cuide su alma. Pero pienso que no es suficiente, que no recé tan fuerte. Y se lo vuelvo a pedir más fuerte, como si pedirle más y más lo hiciera más efectivo. Le pido una y otra vez por favor a Dios que cuide a mi hermana, que le de paz a su alma. Pero la Tana está al lado mío mientras yo rezo en silencio.
De pronto, y tal como si ella estuviera viva de nuevo y nosotras como siempre haciendo telepatía, la Tana rompe el silencio:
- "Si yo no llego a quedar embarazada nunca, les pido a todos que estén orgullosos de mí igual ¿sí?"
Siento que se me anuda todo adentro. Quiero buscar su mano, quiero abrazarla, me agito, me angustio, le quiero decir que todo va a estar bien, que la quiero, me desespero. Grito.
Guido me despierta asustado. Este sí es él, seca mis lágrimas; me abraza. Ya estoy despierta.
Y así, vuelve a aparecer la vieja escena:
- “Vení. ¿O querés que vaya yo?”
La Tana invitándome a su cama, yo toda agitada y asustada, entrando en su refugio, sintiendo el calorcito, la incomodidad de estar pegadas, y después la calma. En la oscuridad de la noche, con la angustia y la soledad que dejan las pesadillas volver a escuchar su voz me hace recobrar, de a poquito, la paz.
- “¡Me das miedo, boluda! ¡Respirabas como loca! Algún día te voy a grabar, te juro que algún día te grabo y te morís.”
A la mañana repasamos la pesadilla con todos los detalles posibles. La Tana se sienta, apoya el codo en la rodilla y deja el mentón en la mano. Sus dedos aprietan levemente la mejilla. Se sumerge con la mirada, los labios pegadísimos y una minúscula sonrisa sin dientes, de esas que no expresan risa, sino presencia. Yo escupo mil palabras sin parar por un rato hasta que de pronto me frena y dice:
- "Esperá, me perdí: volvé a empezar."
***
Foto de una noche en la que creo que no tuve pesadillas, pero sí fue una vez en la que ya éramos más grandes, pero igual me invitó a su cama. :D

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